Pese a la sequía, campesinos de Puente Madera rescatan su flor de muerto con pozos propios para abastecer las ofrendas del Istmo.
En la comunidad de Puente Madera, en el Istmo de Tehuantepec, más de treinta productores agrícolas enfrentaron un ciclo marcado por la escasez de lluvias para cultivar cempasúchil y cresta de gallo. Ante la sequía y la falta de alcance del sistema de riego de la presa Benito Juárez, únicamente los agricultores que contaban con pozos propios en sus terrenos y sistemas de mangueras lograron preservar parte de sus sembradíos destinados a las ofrendas del Día de Muertos, a diferencia de quienes carecían de estas fuentes y perdieron sus plantas.
La falta de agua provocó una disminución notable en la extensión cultivada. Un ejemplo es el de Víctor Hugo Quecha Peza, quien suma 14 años sembrando estas especies y en este ciclo solo pudo trabajar una de las cuatro hectáreas que acostumbra. De forma similar, el agricultor Ismael Luis López refirió que sembró una hectárea pero únicamente consiguió cosechar la mitad. De acuerdo con los testimonios locales, mantener estos cultivos representa principalmente la continuidad de una práctica tradicional de la zona más que un negocio rentable.
Esta reducción en la producción también influyó en los precios de venta. En los terrenos agrícolas, el ramo se cotiza entre 20 y 25 pesos, mientras que la venta por surco oscila entre 400 y 500 pesos según la flor. Por su parte, los comerciantes intermediarios ofrecen el ramo en mercados de Juchitán y Tehuantepec a costos que alcanzan de 35 a 40 pesos. Los productores explicaron que el ciclo se complicó primero por la sequía prolongada y, posteriormente, por lluvias tardías que afectaron una porción de las flores a punto de corte.
Las labores de corte, selección y venta involucran a núcleos familiares enteros, quienes acuden a comerciar a los mercados regionales o atienden a compradores que asisten directamente a las parcelas desde finales de octubre. En la tradición de los zapotecas binnizá, la temporada coincide con la visita de las almas a los hogares. Concluida la entrega de las flores tradicionales, los campesinos de la zona reanudan el trabajo de la tierra con otros cultivos como maíz, camote, jitomate y variedades ornamentales.




