martes, 27 de octubre de 2026

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La flor de cempasúchil mantiene su relevancia cultural y comercial ante las festividades de Todos Santos

La flor de cempasúchil mantiene su relevancia cultural y comercial ante las festividades de Todos Santos

Familias del Istmo preparan altares con cempasúchil para Todos Santos, tradición ancestral que impulsa la economía y la cultura local.

Ante la cercanía de las festividades de Todos Santos y Día de Muertos, la flor de cempasúchil retoma su presencia en los hogares y cementerios del Istmo. Reconocida por su intenso tono anaranjado y su fragancia particular, esta especie, conocida comúnmente como flor de muerto, constituye uno de los componentes centrales en la elaboración de ofrendas familiares y en la ornamentación de sepulcros para recordar a los difuntos.

El ciclo productivo de esta planta inicia de manera habitual en el mes de julio a través de la siembra de sus semillas. Posteriormente, su distribución y venta se intensifican en los últimos días de octubre, fecha en que los comerciantes locales prevén un incremento sustancial en la demanda debido a los preparativos de las ofrendas dedicadas para el 31 de octubre, así como el 1 y 2 de noviembre. Este periodo representa para los vendedores una oportunidad de ingreso económico vinculada a las costumbres de la región.

En el ámbito histórico y simbólico, el cempasúchil posee un trasfondo derivado de la cosmovisión prehispánica. De acuerdo con las creencias mexicas, los pétalos de esta flor evocan los rayos solares, mientras que su aroma funciona como una guía para facilitar el retorno de las almas hacia el plano terrenal. Por este motivo, persiste la costumbre de trazar caminos con sus pétalos desde los accesos principales hasta los altares domésticos, orientando simbólicamente a los seres queridos hacia los alimentos y elementos colocados para recibirlos.

El investigador Mario Mecott explica que esta especie es autóctona de México y que su denominación proviene del vocablo náhuatl cempohualxochitl, el cual se traduce como "veinte flores" o "varias flores". La práctica de adornar los espacios fúnebres con vegetación data de tiempos mesoamericanos, cuando diversos pueblos integraban flores en sus ritos mortuorios. De este modo, la colocación de cempasúchil en las celebraciones contemporáneas continúa una práctica transmitida generacionalmente que articula tradición, memoria e identidad comunitaria.

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